Somos una Cooperativa - Colegio Verdemar

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Somos una Cooperativa

Verdemar > Pequeña historia > 1980-1990
José Luis San Emeterio Carrera

MI EXPERIENCIA EN VERDEMAR

Corría el año 1978 y en casa, como es natural, nos planteamos la búsqueda de un colegio para nuestros hijos. Por medio de conocidos, nos informamos de la existencia de la Cooperativa Verdemar. Entonces me acerqué al Colegio y me enteré del funcionamiento, basado en los principios cooperativos: la autogestión; una organización financiera que elimina toda forma de especulación y de lucro con la educación; las aportaciones económicas de los socios en proporción a la situación real de cada uno; una enseñanza basada en una pedagogía progresista e integral; la valoración cristiana y humanista del individuo, la sociedad y la cultura, así como otros aspectos que se detallaban en los Estatutos de 25 de febrero de 1973. Con esta información; teniendo en cuenta mis antecedentes, puesto que venía rebotado de la enseñanza del nacionalcatolicismo recibida en un colegio de religiosos; el momento que vivía nuestro país, en plena apertura hacia la libertad (secuestrada durante tantos años por la dictadura); y mis propias inquietudes, que me habían llevado a participar en el año 1965 en la creación (bebiendo de las fuentes del mayor complejo cooperativo de nuestro país, las cooperativas de Mondragón) de una cooperativa industrial de trabajo asociado, que en el año 1978 estaba formada por 112 trabajadores y en la que ocupaba un puesto de responsabilidad; decidimos que Verdemar era el Colegio ideal que nosotros estábamos buscando.

Así, matriculamos a nuestros tres hijos, que comenzaron en el
curso 1978/79. Nuestro hijo mayor Luis Francisco, comenzó en 2º curso de EGB y terminó en 8º de EGB; nuestro hijo David, comenzó en 1º de EGB y terminó en 8º de EGB y por último nuestra hija Mónica, comenzó en Párvulos B y terminó asimismo en 8º de EGB.

En este periodo, debemos destacar las reuniones con los padres
de los distintos cursos, las celebraciones de las primeras comuniones, las reuniones de la CISV, los campamentos y como en nuestro caso, fue un largo tiempo y multiplicado por tres, tuvo unas consecuencias muy positivas de enriquecimiento en nuestras relaciones sociales, tanto con los padres, como con los profesores y personal del colegio.

EL CONSEJO SOCIAL

El Consejo Social es un órgano, seguramente olvidado por muchos y completamente desconocido por otros, que existió y funcionó varios años en la década de los 80.

Como ya es sabido, a estas alturas de la narración de la historia
de Verdemar, la Cooperativa nació por y gracias a la iniciativa de unas familias preocupadas por la educación de sus hijos e hijas ante el panorama insatisfactorio de la enseñanza española. Es obvio decir que también se preocuparon por la selección del personal implicado en esta tarea.

Desde el inicio de la Cooperativa, tanto el profesorado, como
el personal de administración y servicios, siempre estuvieron volcados, al lado de las familias, en el buen funcionamiento, no solo del Colegio sino también de la Cooperativa, siendo varios de ellos cooperativistas y colaborando en todo tipo de quehaceres. El entusiasmo era completamente compartido.

Sin embargo, con la llegada de la democracia, la legalización de
varios partidos políticos y, sobre todo, con la puesta en marcha de los sindicatos, el personal no solo seguía implicado en Verdemar sino que también nació en él una nueva conciencia social.

Pertenecíamos a un colectivo mucho más amplio y teníamos
que luchar por nuestras reivindicaciones fuera del Colegio con otros compañeros. Fueron los años de los delegados sindicales y de alguna que otra huelga que no siempre fue bien acogida por el Consejo Rector de la Cooperativa.

Mantener el entendimiento y la colaboración entre los estamentos
siempre ha sido fundamental en Verdemar, y en este
clima ligeramente agitado, fue necesario buscar un mecanismo
de mayor comunicación entre el Consejo Rector y el personal. Así fue como nació lo que llamamos el Consejo Social.

El personal, aunque fuera cooperativista, no pertenecía al
Consejo Rector y, en este sentido, las normas para el personal
muchas veces se aplicaban sin más explicación. Tampoco existía
canal de comunicación en el otro sentido. Se creó el Consejo Social, integrado por: un representante del profesorado de cada uno de los tres equipos, dos representantes del personal de administración y servicios, y un representante sindical; todos ellos elegidos por el propio personal.

El personal, además de las reuniones de claustro, teníamos
frecuentes asambleas en las que debatíamos todo tipo de problemas internos con la Cooperativa, pero también relacionados con el sector de la enseñanza concertada.

Periódicamente, el Consejo Social como portavoz de la asamblea,
se reunía con el Consejo Rector. Los temas eran diversos, cada uno exponía sus problemas, reivindicaciones o necesidades, incluso éramos oídos en los trámites de selección del nuevo personal. El personal, preocupado por mejoras, principalmente pedagógicas, y a veces económicas, las planteaba al Consejo Rector, ocupado con problemas de gestión y casi siempre económicos. No solo eran algo parecido a unas negociaciones internas, sino una forma de compartir las preocupaciones y problemas de un lugar común, sin olvidar que también pertenecíamos a un colectivo mayor.

El diálogo siempre fue amistoso, pues llegamos a un mejor
conocimiento de las dos partes. Se dieron pasos y avances relacionados con la mejora de la enseñanza, con la dedicación, con el número de alumnado, con el personal de apoyo, así como con la manera de solventar problemas directamente relacionados con el personal, consiguiéndose también mejoras económicas. Junto con otras personas, yo formé parte de este Consejo Social y lo recuerdo con agrado porque, aunque tuviéramos arduas discusiones, nunca perdimos la oportunidad de aclarar ideas y, sobre todo, sabíamos que nuestro trabajo era a favor de una causa común, aunque contemplada desde ángulos diferentes.

En 1986, cuando prácticamente la totalidad del personal era
cooperativista, dos personas (Julia Cacho Arce y Mª Carmen
Pérez Soroa) pasaron a formar parte del Consejo Rector, y el
Consejo Social desapareció, porque ya no era necesario.

Cristina Jiménez
FRANCISCO MENG BERENQUER

Pancho Meng fue una persona que desempeñó un papel relevante en la Historia de Verdemar al ocupar el puesto de Presidente de la Cooperativa en un momento de transición de un modelo institucional a otro.

A través de las respuestas que da en la entrevista a la que amablemente
se sometió, atendiendo a las inquietudes del alumnado, podemos acercarnos al conocimiento de la relación que tuvo con el Colegio, así como a las responsabilidades que compartió.

Nos habían contado que Pancho Meng había sido un presidente importante de la Cooperativa, porque durante su legislatura la Cooperativa mixta (de familias y personal trabajador) pasó a ser una cooperativa de trabajo asociado, es decir, solo de personal trabajador.
Nos hablaron de la generosidad de todas aquellas personas cooperativistas que con tanto esfuerzo habían conseguido que el sueño Verdemar fuera una magnífica realidad y, en aquel momento, se lo cedían al personal trabajador para que continuaran la labor. Y, en medio de todo ello, estaba Pancho animando, conduciendo, coordinando para que todo saliera lo mejor posible.
Queríamos saber algo más y quién mejor que Pancho Meng para explicárnoslo, por eso lo invitamos al Colegio donde amablemente nos contestó a todas las preguntas que le hicimos el alumnado de 5º de Primaria, entre los que se encontraban dos de sus nietas, Irene y Elena.

¿Cómo llegaste a Verdemar?

Conocí a los fundadores de Verdemar, en el año 1978, me pareció
muy bien la idea y decidí traer a mis dos hijos al Colegio. Cuando nació el tercero también lo traje, este desde Preescolar.

¿Cuántos años estuviste?

Mis hijos estuvieron desde 1978 hasta 1992, pero yo sigo siendo
de la familia Verdemar porque, además de tener aquí a mis nietas, continuo perteneciendo a la Cooperativa.

¿Qué te llevó a participar en Verdemar?

Era un proyecto muy bonito, entonces la enseñanza en
Santander pasaba por momentos difíciles, y estos amigos necesitaban ayuda para poder llevarlo a cabo.

Fuera del colegio ¿qué profesión desempeñas?

Soy ingeniero industrial y trabajo en mi propia empresa.
Hace ya muchos años fui profesor en la Escuela de Maestría Industrial y de Formación Profesional en el Colegio de los Salesianos.

¿Al principio te llevaste bien con el personal trabajador?

Yo creo que sí, estaba muy contento con ellos y espero que ellos
lo estuvieran conmigo.

Cuéntanos algún recuerdo especial.

Tengo muchos; una de las actividades que más me gustaban
eran los campamentos y albergues. En aquellos años iba muy poca gente de campamento, pero en Verdemar nos parecía que era muy importante para la formación de los escolares. Tuvimos que buscar un nuevo emplazamiento porque el sitio donde habíamos hecho los anteriores campamentos era un poco peligroso por la cantidad de agua que llevaba el río. Lo encontramos en Escaño (Burgos). Los que ya habéis ido sabéis que la experiencia es muy bonita y divertida porque se hacen nuevas amistades, se disfruta de la naturaleza, se hacen marchas de montaña, baños en el río, fuego de campamento, a los que no habéis ido os animamos para que vayáis a conocerlo. También me gusta mucho la celebración del Día de la Poesía; y cuando hicimos de este espacio, donde nos encontramos ahora, una sala de reuniones y una biblioteca que no teníamos; o cuando compramos el enorme friegaplatos para no fregarlos a mano; las reparaciones del colegio pequeño porque la casita era muy antigua y había que repararla todos los años; las fiestas. ¡Son tantos los recuerdos!

¿Es el Verdemar de antes distinto al de ahora? ¿Cuál te gusta más?

Naturalmente que es distinto. Ahora físicamente es mejor,
tiene más medios, está mejor dotado. El personal trabajador
también es distinto aunque, por lo que conozco a través de
mis nietas, lo siguen haciendo muy bien. Antes las familias
se encargaban de las reparaciones necesarias y de muchas
gestiones.

¿Echas de menos a alguna persona?

Por supuesto, echo de menos a aquellas personas con las que
compartimos ilusiones y esfuerzos y que ahora no están porque han fallecido, como Paco Susinos, Milachu, Belén, Tiquio (el abuelo de Esther a la que estoy viendo aquí) que, por cierto, también fue a los primeros campamentos.

¿Cuál fue para ti lo más difícil?

Los del Consejo Rector nos reuníamos en el Colegio después de
salir de trabajar, por la noche, y como había que resolver muchas cosas, nos llevaba mucho tiempo y, a veces, acabábamos muy cansados. Pero lo más difícil era corregir algo o a alguien.

Pancho nos dice que entonces pensaba que Verdemar quedaba en buenas manos y ahora lo ha confirmado.
Desde aquí solo nos queda darle ¡millones de gracias por todo!
Además de la imagen que Pancho nos ha trasmitido en esta entrevista, sus contribuciones y testimonios se ponen de manifiesto de manera diferente, pero complementaria, por medio de su propio relato, y de las reflexiones que lo acompañan, tal y como se refleja en su escrito que viene a continuación.


El 25 de febrero de 1973 tuvo lugar una reunión en la que sesenta pioneros entusiastas, respondiendo a la iniciativa de
Paco Susinos, iniciaron la constitución de una Cooperativa de
Consumo, que denominaron Verdemar, cuya actividad fuese la del servicio de la enseñanza y formación de personas en los valores del humanismo cristiano (la constitución oficial se culminó el 2 de julio de ese mismo año).

Y
o no tuve la dicha de contarme entre aquellos, dado que mi incorporación a Verdemar tuvo lugar en 1978, por ello, no soy el más indicado para disertar sobre sus prolegómenos y primer quinquenio de vida, que conozco tan solo de oídas, máxime cuando la persona que me pide estas líneas, Julia Cacho, bien puede glosar pormenorizadamente aquellos años pues ella sí que participó desde el primer momento en el proyecto Verdemar.

De lo que puedo dejar constancia es que, cuando llegué con mis hijos, Verdemar era ya un reconocido y singular centro de enseñanza, tanto por su pedagogía de vanguardia y formación en valores fundamentales de la persona como por la diversidad y calidad de sus servicios (cocina propia, transporte en autobuses, salidas pedagógicas y lúdicas incluidas en las cuotas, libros de texto mancomunados); todo ello costeado, íntegramente, por padres que asumían cuotas en función de sus posibilidades (cuotas variables) lo que permitía, gracias a la generosidad de unos, la permanencia en Verdemar de no pocas familias con insuficientes medios económicos para afrontar lo que sería la cuota media del centro (aspecto ya contemplado en el artículo 2º de los estatutos fundacionales de la Cooperativa).
Por otra parte, en beneficio económico de la institución, los cooperativistas aportaban sus conocimientos y habilidades en aquellos cometidos que eran necesarios para el centro, tanto trabajos administrativos y de organización como los trabajos de adecuación y mantenimiento de los edificios e instalaciones.

La fuerte atracción que produjo este nuevo enfoque educativo
en la sociedad cántabra fue causa de una creciente demanda para acceder al Centro, con el consiguiente incremento continuado del alumnado que conllevaba la exigencia de una mayor y más compleja estructura, tanto de instalaciones como de personal.

Sin embargo, debido a la llegada de nuevas familias que, salvo
contadas excepciones, rehusaban la invitación de incorporarse a la Cooperativa y la salida de las primeras promociones de alumnos cooperativistas, el número de padres que participaban en la acción cooperativa iba disminuyendo.

Sumando a lo anterior los importantes cambios socioeconómicos, políticos, legislativos y culturales en la sociedad española de aquellos años, encontramos las causas por las que, de día en día, se fue haciendo más ardua y complicada la gestión de la Junta Rectora de la Cooperativa, compuesta por padres de familia y algunos trabajadores del Centro que, una vez concluida su jornada habitual, tenían que dedicar muchas horas de la tarde-noche para dirigir lo que había adquirido el tamaño de una mediana empresa.

A comienzo del año 1987, un grupo de cooperativistas vino a plantearme su preocupación ante el inminente e irrevocable cese como presidente de José Luís San Emeterio, después de cinco años al frente de la Junta, sugiriendo que me presentase como candidato a sucederle para continuar al frente de la urgente tarea de reestructuración y consolidación de Verdemar iniciada por él.

En aquel momento mi situación familiar y profesional (tres hijos en edad escolar y la dirección de una empresa en su sexto año de vida) ocupaba el 100% de mi tiempo; tras la reiterada insistencia de aquellos y, definitivamente, su ofrecimiento a colaborar conmigo de modo incondicional, descargándome del mayor peso que fuese posible en la tarea a realizar (cosa que cumplieron sobradamente), acepté la propuesta.

Cuando tomó posesión la nueva Junta Rectora, que pasó a
denominarse Consejo Rector, por imperativo de la nueva Ley
General de Cooperativas aparecida en abril de aquel mismo
año, la situación general era la siguiente:

I. Un centro de enseñanza con una estructura de 724 alumnos, repartidos en 23 unidades (1 de Maternales, 4 de Párvulos y 18 de EGB) atendidas por 26 docentes más 1 director, de los que 16 estaban cubiertos por un concierto singular suscrito con el Ministerio de Educación, dentro de una plantilla que totalizaba las 40 personas y una facturación aproximada de 120 millones de pesetas cuyos resultados contables no alcanzaban el 2% de aquella cifra. La reserva financiera en caja y bancos no llegaba a los 2 millones de pesetas, para toda contingencia.
Era pues urgente poner el Centro en condiciones tales de rentabilidad
que permitiese su consolidación financiera, como
imprescindible paso previo a las necesarias inversiones que
habrían de acometerse para garantizar su futuro: unificación
de las parcelas de los dos colegios, separadas entonces por la
carretera general; construcción de un nuevo colegio pequeño; construcción de un polideportivo-patio cubierto; reforma estructural y remodelación del colegio grande; rehabilitación y mejora de la cocina y almacén; eliminación de barreras arquitectónicas, etc.
II. Una cooperativa de consumo, propietaria del Centro, en la que la totalidad de las familias cooperativistas no llegaban
a representar el 8% del alumnado. La nueva Ley General de
Cooperativas impedía el mantenimiento de esta situación. Solo eran posibles dos alternativas:

1. Mantener la propiedad de Verdemar como cooperativa de consumo, consiguiendo que la mayoría de las familias de alumnos adquiriesen su condición de cooperativistas.
2. La enajenación de la Cooperativa vendiéndosela a otra cooperativa ya constituida, o de futura constitución, con figura distinta a la de consumo, que bien podía ser la de trabajo asociado.


La primera alternativa era de imposible aplicación mientras se mantuviese el Concierto con la Administración, pues no se
podían imponer condiciones limitativas a las familias para la
libre elección de centros concertados para sus hijos; por otra parte, plantear una renuncia del Concierto supondría una gravísima crisis económica para el Centro muy difícil de superar en la circunstancia en que se encontraba.

La segunda alternativa exigía la puesta en rentabilidad a la empresa cooperativa para que diese seguridad de futuro a los posibles adquirentes.

Había, no obstante, una posible variante a esta solución: que fuesen los trabajadores del centro los que, constituidos
en cooperativa de trabajo asociado, asumieran la gestión de
Verdemar con la contrapartida que, en justicia, les pusiesen
los, entonces, propietarios.

El equipo formado por el Consejo Rector y un grupo de cooperativistas
colaboradores, con el valioso apoyo y consejo que, desde el primer momento, prestó José Luís San Emeterio, creyeron en esta última posibilidad y asumieron (tras el fallido intento de profesionalizar la gerencia, por parte de la Junta anterior) la totalidad de la gestión que fuese necesaria para alcanzar cuatro objetivos fundamentales:

- Rentabilizar el Centro educativo aplicando criterios de estricta gestión empresarial.
- Conservar y mejorar en lo posible la pedagogía y acción
formativa del Centro.
- Implicar a los trabajadores en las tareas de dirección,
gestión y control de la Cooperativa para su adiestramiento
en las mismas.
- Mantener un cauce permanente de información e intercambio con la Asamblea de socios y asociados que propiciase
la mejor solución a la futura acción cooperativa y
conseguir que la totalidad de la plantilla de trabajadores participase en la misma.


Creo que no es el momento de pormenorizar el quehacer de
aquel equipo para tratar de conseguir, con garantía de futuro, un cambio de estructura de la importancia que se pretendía, al tiempo que resolvía el día a día del Centro; baste con decir que, transcurridos cuatro años, se podían considerar alcanzados los objetivos previstos:

- Se había rentabilizado la gestión del Centro: el año 91 se cerraba con un beneficio que superaba los 12 millones de
pesetas y las reservas en caja y bancos superaban los 40
millones de pesetas (una buena base de apoyo para los
futuros gestores).
- Un grupo de trabajadores había pasado ya por el desempeño,
a plena satisfacción, de la totalidad de las funciones
directivas y de gestión de la Cooperativa.
- Las familias propietarias estaban decididas a transferir la Cooperativa a los trabajadores del Centro con la misma generosidad con que la habían creado: sin contraprestación económica (renunciando al importante valor que tenía el Centro) ni condición limitativa alguna.


La obligada redacción de nuevos estatutos, para adaptarlos a
la Ley 3/1987 General de Cooperativas, dio la oportunidad de simplificar la reconversión del tipo de cooperativa, sin traumas, aprovechando todo el armazón jurídico-administrativo
de la existente, con la simple operación de modificar el comienzo
de su artículo 1º según el texto que paso a recordar (en cursiva lo modificado):
La Sociedad Cooperativa de Consumo Verdemar
, constituida el 2 de julio de 1973 e inscrita en el Registro General de Cooperativas con el nº 19811, adapta sus Estatutos a la Ley 3/1987 General de Cooperativas, estando clasificada según la misma, dentro del grupo de Cooperativas de Trabajo Asociado…”

Con la aprobación de estos nuevos estatutos y la elección de correspondiente Consejo Rector finalizó mi cometido como
coordinador de aquel magnífico equipo que culminó los 19
gloriosos años del Verdemar Cooperativa de Consumo y puso
en marcha el Verdemar Cooperativa de Trabajo Asociado que,
por cierto, este año supera ya, en edad, al anterior.

Muchas fueron las personas a las que tendría que agradecer su valiosa colaboración y me sería imposible citarlos sin cometer la torpeza de omitir algún nombre pero todos estarían de acuerdo en reconocer la extraordinaria labor de Felicitas Rada que, sin figurar en cargo ni organigrama alguno, aportó en todo momento su fina inteligencia y buen hacer para desarrollar ideas y resolver situaciones de gran dificultad; personalmente tengo que agradecerle que la transición fuese posible y estoy convencido de que, sin su generoso apoyo, Verdemar no habría sido lo que es.

Quiero acabar recordando el texto que, elaborado por el grupo de antiguos cooperativistas colaboradores de aquella transición, se transmitió a los nuevos propietarios en la última asamblea del primer Verdemar:

Resulta evidente para todos nosotros que hoy se produce un cambio importante en el desarrollo de esta institución. No queremos dejarnos llevar por la nostalgia del pasado ni hacer recuento de nada. Pero en este momento nos parece importante señalar que, en esta nueva etapa que se inicia, se cumple en Verdemar un viejo deseo: Que la empresa quede en manos de todos los que trabajan en ella. Probablemente esto nos indica que los proyectos no se cumplen cuando surge el deseo sino cuando las condiciones lo impulsan y lo hacen posible.

Verdemar nació como un proyecto educativo amplio, comunitario, generoso, desinteresado. Su desarrollo requirió el tiempo, el trabajo, el dinero, la amistad y la ilusión de muchas personas, algunas de las cuales ya no están entre nosotros. Las alegrías y el dolor, los aciertos y los fracasos han sido y serán parte de la historia de Verdemar.

Esta historia también se os confía hoy junto con la institución. Nos gustaría que fuera transmitida hacia el futuro con lealtad y respeto.

También es nuestro deseo que mantengáis vivos los valores e ideales que originaron e impulsaron esta obra.

Todo ello os lo entregamos hoy con la alegría del que ve su deseo cumplido, sin reservar nada, con la generosidad con que nació Verdemar.

1987

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